Page 341 - Un caso de conciencia -James Blish
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hasta frenéticas, pero con ideas poco precisas ‐si de
ideas podía hablarse‐ acerca de lo que más convenía
hacer. Luego se produjo un súbito cambio en la índole
de la batahola reinante, y Ruiz‐Sánchez percibió
inmediatamente que a la simple aglomeración había
sucedido la irrupción de turbamultas desenfrenadas.
Era un griterío ensordecedor que al pronto se convirtió
en un formidable estampido uniforme e intimidante,
como el rugido poderoso y penetrante de una feroz
alimaña.
No tenia medio de averiguar qué había provocado
aquel cambio, y es posible que tampoco las turbas lo
supieran. Lo cierto es que empezaron a resonar los
disparos de arma de fuego. No muchos, pero cuando
los tiros no son espectáculo habitual, uno solo equivale
a una descarga cerrada. Una parte del imponente
alarido se fragmentó y adquirió resonancias todavía
más extrañas y amenazadoras. Sólo cuando el
pavimento del piso que ocupaba se estremeció
ligeramente bajo sus pies supo Ruiz‐Sánchez lo que
aquello significaba.
Un seudópodo de la bestia se había introducido en el
edificio. Ruiz‐Sánchez se reprochó no haber previsto
aquella eventualidad. El antojo de morar en la
superficie seguía siendo en esencia un privilegio
reservado al personal y altos funcionarios de las
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