Page 343 - Un caso de conciencia -James Blish
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- Está cerrado ‐ sonó una voz apagada.


               - Abajo con esta maldita puerta. Vamos, apartaos... La


                 puerta  trepidó,  pero  resistió  el  embate.  Luego  se

                 produjo  otra  acometida  más  intensa,  como  si

                 hubiera  sido  todo  un  grupo  el  que  se  hubiera


                 lanzado  contra  ella.  Ruiz‐  Sánchez  escuchó  los

                 gruñidos  de  los  revoltosos  después  del  choque.


                 Luego siguieron cinco tremendos topetazos.

               - ¡Abrid! ¡Abrid! ¡Asquerosos delatores del gobierno,

             o le pegaremos fuego a la casa y tendréis que salir por


             la fuerza!

               La espontánea amenaza pareció sorprender a todos,

             hasta al que la había proferido. Se oyó un murmullo de


             voces. En seguida, uno de los componentes del grupo

             gritó con voz ronca:

               - Muy bien; pero traed algún papel o algo que


                 prenda.

               Ruiz‐Sánchez pensó fugazmente en ir por un balde,


             aunque no acababa de ver cómo podían introducir el

             material  combustible  por  la  puerta,  que  carecía  de

             marco  y  cuyo  umbral  era  de  los  llamados  de  ajuste


             forzado.  Al  propio  tiempo,  un  grito  confuso  que

             provenía del otro extremo del pasillo hizo que todos

             salieran de estampida. Los crujidos que se oyeron acto


             seguido daban a entender que o bien habían hallado

             un apartamento desocupado que estaba abierto, o bien



                                                                                                        343
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