Page 345 - Un caso de conciencia -James Blish
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terraza, resquebrajándolo, y a continuación un florero
voló por los aires. Las abejas empezaron a salir del
panel. Ruiz‐ Sánchez no imaginaba que pudiera haber
tantas. El porche estaba lleno de ellas. Revolotearon
indecisas unos momentos. En cualquier caso localizar
las grietas del cristal les hubiera llevado escasos
segundos, pero los hombres apostados en la terraza
vecina ignoraban con qué tenían que habérselas y
facilitaron la tarea a los enormes insectos. Un objeto
pequeño pero macizo, posiblemente algún trozo de
tubería arrancado de la instalación de agua, abrió un
boquete en otro de los paneles, yendo a caer en medio
de la densa nube de abejas. Ronroneando como un
motor de un viejo avión, los insectos se precipitaron
por la brecha.
Siguieron unos instantes de mortal silencio y en
seguida unos alaridos de agonía y de terror le
retorcieron bruscamente las tripas. Al poco, el coro de
gritos se intensificó. Ruiz‐ Sánchez divisó la fugaz
silueta de un manifestante que saltaba limpiamente al
vacío, el pecho materialmente cubierto por unos
cuerpos hirsutos, negros y amarillentos. Oyó ruido de
pasos precipitados delante de la puerta y el choque de
alguien contra el suelo. El sordo zumbido siguió en pos
de los que se habían echado al pasillo.
Desde la planta inferior resonaron nuevos aullidos.
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