Page 365 - Un caso de conciencia -James Blish
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podía  dejar  al  azar  el  desenlace  final.  Se  le  había


             armado con la espada de San Miguel de manera tan

             inequívoca,  que  ni  el  más  necio  de  los  humanos


             hubiera dejado de darse cuenta.

               El Santo Padre sabía que las cosas iban a presentarse

             de esta manera y había forjado sus planes con la astucia


             de un Disraeli. A  Ruiz‐Sánchez le estremecía pensar

             cómo hubiera afrontado las circunstancias un pontífice

             con menos dotes políticas, aunque indudablemente la


             voluntad  divina  quiso  que  se  llegara  a  la  presente

             situación  en  época  de  Adriano  y  no  durante  otro

             pontificado.  Al  prohibir  que  Ruiz‐Sánchez  fuera


             oficialmente excomulgado, el papa había puesto en sus

             manos  el  único  don  de  la  gracia  que  convenía  a  la


             ocasión.

               Y tal vez también se hubiese dado cuenta de que el

             tiempo que Ruiz‐Sánchez había dedicado al intrincado


             y  caprichosamente  complejo  caso  de  conciencia

             planteado en la novela de Joyce era tiempo perdido.


             Había  un  dilema  mucho  más  sencillo,  una  situación

             clásica, que venia igualmente a cuento si Ruiz‐Sánchez

             hubiera reparado en ello: el caso del niño enfermo para


             cuya recuperación se ofrecen oraciones.

               Hoy, la mayoría de los niños enfermos se curan en

             uno  o  dos  días  con  sólo  una  inyección  de


             espectrosigmina o droga similar, incluso si su estado es



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