Page 362 - Un caso de conciencia -James Blish
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- ¡Santo Dios! ‐ exclamó Michelis, atónito ‐. Pero si es
Litina, conde dʹAveroigne. Me atrevería a jurarlo.
- Por favor ‐ rogó el conde ‐. Aquí soy el doctor Petard.
Sí, en efecto, es Litina. Desde la Luna el sol del planeta
puede verse algo más de doce días al mes. Se halla a
cincuenta años luz, pero ahora lo vemos como si la
distancia fuera de unos cuatrocientos mil kilómetros;
es decir, casi la misma distancia de la Luna a la Tierra.
Es realmente extraordinaria la claridad de visión que
se logra con un paraboloide de sodio de ciento ochenta
metros cuando no hay atmósfera que se interponga.
Claro que si tuviésemos una atmósfera normal no
podríamos utilizar el revestimiento de sodio. Este
material apenas resiste la gravedad lunar.
- Asombroso ‐ murmuró Liu.
- Esto no es más que el principio, doctora Meid. No
sólo hemos medido el espacio, sino también el tiempo.
Las imágenes que estamos contemplando
corresponden al planeta Litina hoy... ahora mismo,
para ser exactos; no a Litina hace cincuenta años.
- Enhorabuena ‐ dijo Michelis, con voz apagada ‐. Por
supuesto que su escolio constituye el logro principal;
pero, además, ha levantado usted la instalación en un
tiempo récord.
- Comparto su parecer ‐ dijo el conde, mirándolo con
complacencia.
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