Page 59 - Un caso de conciencia -James Blish
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recogidos los meteoritos de ferroníquel y enviados a


             nuestro laboratorio de electricidad aquí en la capital,

             dondequiera que se encuentren. A la sazón, el personal


             del  observatorio  intenta  predecir  posibles  caídas  de

             aerolitos. Por desgracia son raros en el planeta. Según

             indican nuestros astrónomos, jamás hemos tenido una


             «lluvia»  de  aerolitos,  como  al  parecer  sucede  con

             frecuencia en su mundo.

               - No;  debiera  haber  reparado  en  ello ‐  dijo  Ruiz‐


             Sánchez, siguiendo en pos del litino hasta el salón, que

             era  también  del  más  puro  estilo  litino:  una  estancia

             vacía, salvo por su presencia.


               - Ah, eso es interesante. ¿Por qué?

               - Porque en nuestro universo tenemos una especie de


             gigantesca muela abrasiva; todo un anillo de pequeños

             planetas, millares de ellos, esparcidos en torno a una

             órbita,  en  vez  de  un  solo  mundo  de  dimensiones


             normales,  que  es  lo  que  esperábamos  hallar  en  un

             principio.


               - ¿Esperaban? ¿En virtud de la regla armónica? ‐ dijo

             Chtexa, sentándose, a la par que indicaba con un gesto

             otro almohadón a su huésped ‐. A menudo nos hemos


             preguntado si esta relación existía realmente.

               - También  nosotros.  Quedó  pulverizada  en  el  caso

             expuesto.  Estos  pequeños  cuerpos  entrechocan


             constantemente,  y  el  resultado  son  estas  plagas  de



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