Page 58 - Un caso de conciencia -James Blish
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AGRONSK
I: ¡Mike!
(Por fin, con un resuello, Cleaver pierde la larga
batalla. Estaba dormido.)
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Cuando la puerta de la casa de Chtexa se hubo
cerrado a sus espaldas, Ruiz‐Sánchez paseó la mirada
por el vestíbulo tenuemente iluminado. Un
sentimiento de expectación se le hacia insoportable,
pese a que no tenía idea de lo que esperaba hallar. A
decir verdad, la casa no se diferenciaba en nada de la
que él habitaba, cosa que en justicia era cuanto podía
pretender. Todo el mobiliario de su «casa», excepto el
equipo del laboratorio y algunos objetos sueltos
traídos de la Tierra, era genuinamente litino.
- Hemos seccionado varios de los meteoritos
metaloides de nuestros museos y los hemos batido tal
como usted nos indicó ‐decía Chtexa detrás de él a la
par que el biólogo se debatía para liberarse del
impermeable y de las botas‐. Tal como nos había usted
anticipado, detectamos un magnetismo de signo
positivo muy marcado. En estos momentos todo
nuestro planeta ha sido advertido para que sean
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