Page 84 - Un caso de conciencia -James Blish
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ruido y preparó suero intravenoso de fructosa. Luego
hizo una especie de souffle con el contenido de una lata
de huevo en polvo y lo colocó en el fondo del hornillo,
en un pequeño compartimiento cerrado, para que se
cociera. Seria el desayuno de los tres restantes.
De nuevo en el dormitorio, el biólogo desplegó todo
el aparato del suero gota a gota. Cleaver ni siquiera
contrajo los músculos cuando la aguja penetró en la
vena, a la altura del codo. Acto seguido colocó el tubo
en su sitio con unas palmaditas, reguló el goteo del
botellín invertido y volvió al laboratorio.
Se sentó en el taburete, ante el microscopio, con una
sensación de ausencia, mientras la noche caía una vez
más. Todavía se sentía muy fatigado, pero por lo
menos podía mantener los ojos abiertos sin esfuerzo.
Se oyó el ptup‐ptup del souffle en el hornillo y al poco
rato un leve aroma dio a entender que la masa estaba
en proceso de dorarse.
En el exterior caía un súbito aguacero que acabó con
la misma rapidez con que se había iniciado. El corto y
cálido verano litino tocaba a su fin. El invierno seria
largo y templado. En la latitud en que se hallaban las
temperaturas nunca estaban por debajo de los veinte
grados centígrados. Incluso en los extremos del planeta
la temperatura invernal permanecía siempre por
encima de cero; normalmente, la media era de quince
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