Page 89 - Un caso de conciencia -James Blish
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Dado que Miguel había perdido el derecho a dispensar


             o a deferir el caso de la mujer, en última instancia Anita

             no podía dejarse guiar ni por el religioso ni por otra


             persona que no fuese ella misma. Atendiendo a ello y

             vistas  las  graves  acusaciones  que  pesaban  sobre

             Honufrio, podía en última instancia rebelarse contra


             los deseos de éste. En cuanto al arrepentimiento de Sila

             y a la conversión de Felicia, nada importaban, puesto

             que la defección de Miguel había privado a ambos ‐y a


             todos los demás‐ de guía espiritual.

               Así pues, la respuesta obvia en todo momento había

             sido sí y no. Y todo supeditado a una simple coma en


             el  lugar  adecuado.  Jugarreta  de  un  escritor;  clara

             demostración de que el problema central de un libro


             que  uno  de  los  más  grandes  novelistas  de  todos  los

             tiempos había tardado diecisiete años en escribir, era

             dónde situar una coma. Así suele Satanás arropar su


             vanidad y expoliar a sus adeptos.

               Ruiz‐Sánchez cerró el libro con un estremecimiento y


             alzó la vista más allá del banco de taller, sin sentirse ni

             más perplejo ni menos que antes, aunque en el fondo

             de su corazón sentía un alborozo incontenible. Una vez


             más,  el  Maligno  había  sido  derrotado  en  la  eterna

             lucha.

               Mientras  contemplaba  distraídamente  la  noche


             lluviosa a través de la ventana, vio una cabeza y unas



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