Page 88 - Un caso de conciencia -James Blish
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- Por el olor que despide diría que si, Agronski. ¿Por
qué no lo sacas del hornillo y te sirves?
- Gracias. ¿Voy por Cleaver?
- No; lleva puesto el suero intravenoso.
- Entiendo.
Salvo que la impresión de haber comprendido al fin
el problema demostrara una vez más ser ilusoria, Ruiz‐
Sánchez estaba en condiciones de dar respuesta a la
cuestión básica, al dilema que por espacio de muchas
décadas había obsesionado a su Orden y a la Iglesia.
Releyó el texto de la pregunta conflictiva:
«¿Tiene él (Honufrio) autoridad sobre la mujer
(Anita) y debe ésta someterse a sus dictados?»
Por vez primera y con gran asombro por su parte vio
dos preguntas distintas en la frase, a pesar de la
ausencia de coma entre ambas. Ello exigía, pues, dos
respuestas.
¿Tenia Honufrio autoridad sobre la mujer? Si, la tenia,
porque Miguel, el único miembro del grupo al que se
otorgó desde el principio poder de absolución, se había
visto notoriamente comprometido. En consecuencia,
nadie podía despojar de sus privilegios a Honufrio, al
margen de si debían o no cargársele en cuenta todas las
vilezas que se le achacaban.
Y, en segundo lugar, ¿tenía la mujer que someterse a
las exigencias de aquél? No, no tenía por qué hacerlo.
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