Page 216 - Limbo - Bernard Wolfe
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fluido, calmado y sin límites, en contraposición
con la montaña, llena de verticalidad y de alturas,
un monumento al tono. De este modo el
rascacielos se iguala al jazz, se iguala a la
montaña, se iguala al metrónomo, se iguala a los
instintos metronómicos: Eros sacudiendo el reloj
del tiempo. ¿Cuándo se localizará todo eso en el
plano citoarquitectónico, cuándo ese metrónomo
superceloso de sí mismo quedará localizado en
las redes corticotalámicas para poder hacer algo
al respecto...?
Un dirigible era visible flotando por encima de
los rascacielos, girando lentamente en torno a la
masa de la ciudad. Los letreros eléctricos en sus
costados se encendían y se apagaban. Martine
estudió sorprendido las palabras: ¡Eludid la
apisonadora! ¡Eludid la apisonadora! ¡Eludid la
apisonadora!
Simplemente eso, una y otra vez; nada más.
Tonterías. ¿Por qué no, con la misma lógica,
eludid el ciclotrón? ¿El pianista? ¿La jirafa?
Sin embargo, había algo provocador en el
eslogan. Había una resbaladiza aura (error‐
horror) en su significado. La palabra
«apisonadora» despertaba reverberaciones...
alguna cadena no cooperativa de neuronas se
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