Page 217 - Limbo - Bernard Wolfe
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estremeció.  Recordó  su  discurso  de  adiós  en  la



            caverna:


            ¿por qué había seguido utilizando aquella


            estúpida palabra y se dejaba impresionar todavía


            por ella?



                  Apartó la mirada del epigramático dirigible y


                  volvió a entrar de nuevo en la habitación.


            Cantó: Es muy difícil cortar los nudos coro un


            hacha, embotan el filo del hacha...


                  Se detuvo ante el tocador y examinó su rostro


            en el espejo, murmurando de forma irrelevante:



            —Eludid los rascacielos.


                  La barba le sentaba estupendamente, se la


                  había recortado al estilo Van Dyke.



                  ¿Qué era lo que había dicho Abraham Lincoln


            acerca  del  rostro  humano?  Algo  parecido  a:


            después  de  los  cuarenta  años,  cada  hombre  es


            responsable  de  su  propio  rostro.  El  tenía  ahora


            cuarenta y cinco. ¿Estaba dispuesto a aceptar la


            responsabilidad de aquel rostro largo y barbudo


            que lo miraba desde el espejo? Tomemos los ojos



            (azules como el culo de un babuino). Estaban un


            poco  alterados,  demasiado  brillantes,  hundidos


            en sus órbitas como para evitar ser deslumbrados


            demasiado fácilmente: nada del otro mundo, pero


            tampoco demasiado malos. Y ahora los labios. Un


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