Page 319 - A La Deriva En El Mar De Las Lluvias - Varios Autores
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fueron testigos de la muerte de la Tierra.




                  Un  ruido  de  velcro  al  despegarse  sube


           tímidamente a través de la escotilla que da al piso de


           abajo. Pasados unos segundos, aparece la cabeza de


           Scott  y  este  sube  al  centro  de  mando.  Lo  sigue  el



           capitán  Gordon  Curtis,  del  USMC,  que  lleva  una


           carpeta  de  anillas  bajo  el  brazo.  Van  a  relevar  a


           Peterson y a McKay, a montar guardia durante otras


           cuatro horas infructuosas. McKay sale sin mirar atrás


           y Curtis se sienta delante de la radio y comienza a


           recorrer frecuencias.




                  Peterson  se  levanta  del  escritorio  y  le  hace  un


           gesto a Scott para que ocupe su asiento.




                  Hay un protocolo para estos relevos, pero ya están


           hartos de decir «Sin novedad» tantas veces y de tantas


           maneras diferentes. Scott ocupa la silla de Peterson en



           silencio  y  es  como  si  al  XO  le  abandonase  la  poca


           personalidad que tiene. Mientras Peterson lo mira, el


           hombre  se  convierte  en  un  autómata  y  se  sienta,


           inexpresivo y sin pestañear.




                  Peterson lo deja en paz. Todos tienen su manera


           particular  de  hacer  frente  a  la  situación.  Dentro  de


           cada uno, la esperanza se ha ido erosionando hasta


           convertirse en una pequeña protuberancia, tan inútil


           como  un  apéndice.  Peterson  se  pierde  en  el  paisaje


                                                                                                               319
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