Page 332 - A La Deriva En El Mar De Las Lluvias - Varios Autores
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microondas. Sentado a la izquierda de Peterson, de


           espaldas  a  la  puerta,  está  el  teniente  primero  Ed


           Neubeck, de la USAF. Está inclinado sobre un cuenco


           metálico  y  se  está  llevando  una  cuchara  a  la  boca.



           Tiene los hombros encorvados y está inmóvil.




                  Peterson se queda mirando el cogote de Neubeck


           y su pelo despeinado. Vuelve la ira. Lo que más rabia


           le da no es que Neubeck haya robado comida, sino


           que se haya descuidado. Va sin afeitar, el pelo le ha


           crecido hasta llegarle al cuello de la ropa y va sin lavar


           y sin peinar.




                  La  mano  que  sostiene  la  cuchara  comienza  a


           temblar.




                  ¿Qué demonios pasa aquí?, pregunta Peterson.




                  Neubeck suelta la cuchara, que golpea el cuenco


           con un sonido metálico quebradizo. No dice nada.




                  Peterson  entra  en  la  sala  de  oficiales,  apoya  la


           mano  en  el  hombro  de  Neubeck  y  tira  de  él  hacia


           atrás. Al agarrarlo, lo nota blando, como si se doblase



           y enderezase al mismo tiempo.




                  Si robas comida, no podrás comer a la hora de la


           comida, dice Peterson.




                  Aún  tiene  la  mano  apoyada  en  el  hombro  de




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