Page 331 - A La Deriva En El Mar De Las Lluvias - Varios Autores
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alfombra le hace montar en cólera. Se detiene cuando
el vértigo lo invade y hace que el pasillo le dé vueltas.
Apoya una mano en la pared y, más tranquilo al notar
el tacto del plástico contra la palma de la mano,
respira hondo. El aire le llena los pulmones y la
sensación de pánico comienza a remitir. Tiene la
cabeza embotada y la ira ha desaparecido tan rápido
como llegó... pero lo que queda está sofocado, como
envuelto por una manta. Se incorpora, se pasa una
mano por la sien y la presión de la palma contra el
cráneo, la fricción del pulpejo de la mano le hace
volver en sí.
Cuando ya se le ha calmado la respiración,
Peterson sigue su camino hacia la litera. Al pasar por
delante de la sala de oficiales, oye un ruido brusco. Se
detiene. Aún faltan varias horas para la siguiente
comida programada. Hace mucho tiempo, todos
decidieron comerse sus raciones delante de los
demás. La desconfianza mutua es la mejor defensa
contra la tentación.
Peterson abre la puerta y entra en la sala.
Hay dos mesas en la sala de oficiales, una a la
izquierda y otra a la derecha. En cada mesa pueden
sentarse tres personas por lado en bancos. Detrás de
cada mesa hay armarios de almacenamiento y un
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