Page 1174 - Anatema - Neal Stephenson
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que  no  podía  digerir,  comió  algo  que  su  cuerpo  podía


          aprovechar. Se dio cuenta de que le mirábamos, se encogió

          de hombros y tragó.

            —Esperad sentados una explicación del Pedestal. Cierto,


          hace  900  años  eran  teores  racionales.  Pero,  durante  los

          largos y oscuros años de su vagabundeo, se convirtieron

          en algo que se define mejor como culto. Y cuanto más se


          acercan a su dios, más le temen.

            —Me  pregunto  si  podríamos  tranquilizarlos  un  poco

          haciéndoles ver que en realidad no están tan cerca —dijo


          Jesry.

            —¿A qué te refieres? —preguntó Jules.


            —Fra Jad es un tipo interesante y todo eso —dijo Jesry—

          , pero a mí no se me antoja un dios, ni siquiera un profeta.

          Sea lo que sea lo que hace cuando canta o juega al Teglón


          toda la noche, no creo que tenga nada de divino. Creo que

          se limita a recibir señales que llegan a Arbre desde más


          arriba, por la Mecha.

            Para  entonces  ya  habían  llegado  todos  para  comer,

          excepto  fra  Jad.  Dimos  con  él  sentado  en  medio  del


          Decagón, comiendo algo que el personal le había llevado.

          El  Decagón  tenía  un  aspecto  diferente.  El  día  anterior

          estaba  cubierto  de  losetas  de  barro  del  tamaño  de  una


          mano, de color marrón oscuro y acanaladas: iguales a las

          que        yo        había          usado          en        Orithena,             sólo        que

          proporcionalmente más pequeñas. La acanaladura parecía


          ir sin interrupción de un vértice al opuesto. No me había



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