Page 1177 - Anatema - Neal Stephenson
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como las flores secas. Nos deshicimos de cordones y paños


          para  ponernos  unos  monos  gris  grafito  que  casi  no

          pesaban nada.

            —Es lo mejor —dijo Jesry, mirándome—. En gravedad


          cero el paño no cuelga, no sé si me comprendes. Las cosas

          se pondrían feas.

            —Habla por ti —dije—. ¿Hay algo que deba saber?


            —Si te mareas, que así será, la sensación te durará tres

          días.  Después,  mejorarás  o  te  acostumbrarás.  No  estoy

          seguro de qué.


            —¿Crees que tendremos tres días?

            —Si sólo nos envían como distracción…


            —Sólo para que nos maten, quieres decir.

            —Sí… En ese caso podrían limitarse a usar procianos.

            Nuestra conversación había empezado a atraer a otros. A


          los valleros, por ejemplo, que no comprendían el sentido

          del humor de Jesry. Se aclaró la garganta y le gritó a Lio:


            —¿Qué está pasando, mi fra?

            Lio se subió de un salto a un palé cubierto con una lona

          y todos guardamos silencio.


            —Todavía no se nos permite conocer la naturaleza de la

          misión  —dijo—,  ni  por  qué  se  nos  ha  encomendado.

          Simplemente tenemos que llegar allí.


            —¿Adonde? —preguntó Sammann.

            —A esa Daban Urnud —dijo Lio.










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