Page 1176 - Anatema - Neal Stephenson
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—Bien —dije—, supongo que habrá que cocer un juego


          nuevo de losetas.

            Foral asintió y dijo con absoluta seriedad:

            —No creo que haga falta que nos demos mucha prisa.


            Devolví a su sitio la loseta blanca, me puse de pie y subí

          al  Decagón.  Estaba  al  aire  libre.  Doblé  el  cuello  todo  lo

          posible y miré directamente hacia arriba.


            —¿Crees que se habrán dado cuenta? —pregunté.

            Magnath Foral adoptó una expresión de desconcierto y

          no dijo nada.


            La  Célula  317  se  reunió  en  un  patio  que  no  habíamos

          visitado el día anterior. Era circular y estaba cubierto por


          un  emparrado.  De  alguna  forma  habían  convencido  a

          media  docena  de  enormes  trepadoras  con  flores  para

          atravesar el espacio vacío y abrazarse entre sí, formando


          una bóveda de ramas entrecruzadas a cincuenta pies del

          suelo. La luz la atravesaba para iluminar el espacio que


          había debajo, pero vista desde arriba parecía una bóveda

          verde moteada de color. En los bordes del patio habían

          colocado palés de un material misterioso pero de aspecto


          caro.  Dedicamos  el  resto  de  la  mañana  a  abrirlos,

          deshacernos del embalaje y hacer inventario: un trabajo

          idiota que a todos nos hacía mucha falta.


            Que saldríamos al espacio quedó claro por la naturaleza

          del material. El peso era en un noventa y nueve por ciento

          del  embalaje.  Abríamos  hermosas  cajas  de  veinte  libras


          para  encontrar  en  su  interior  equipo  que  pesaba  tanto



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