Page 1264 - Anatema - Neal Stephenson
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óptico, mejor que cualquiera de Arbre porque disfruta del


          vacío del espacio.

            Todo eso lo habían modelado, con más o menos detalle,

          las mentes del Antienjambre mientras mis compañeros y


          yo, en Elkhazg, montábamos trajes espaciales y jugábamos

          a videojuegos. Ahora el modelo vivía en nuestros trajes.

          Podíamos volar por él empleando los mismos controles


          (bola y barra) que antes habíamos usado para dirigir los

          monifikes.  En  la  distancia  parecía  impresionantemente

          completa, con una especie de complejidad orgánica; pero


          cuando me acerqué a explorar el Rimero, encontré notas

          flotantes  semitransparentes  que  habían  dejado  tímidos


          avotos,  escritas  en  perfecto  orto,  en  las  que  decían  que

          lamentaban que a partir de ese punto todo fuesen puras

          conjeturas.


            Fra Jad vio cumplido al fin su deseo: tener un sextante.

          Nos habían suministrado un dispositivo compuesto por


          lentes  de  gran  angular,  como  el  Ojo  de  Clesthyra,  tan

          inteligente que reconocía algunas constelaciones. De ese

          modo podíamos conocer nuestra posición con respecto a


          las  llamadas  estrellas  fijas.  Eso,  en  combinación  con  la

          posición  del  Sol,  la  Luna  y  Arbre,  y  un  reloj  interno

          preciso,  le  ofrecía  a  la  cosa  información  suficiente  para


          calcular nuestros elementos orbitales. Fra Jad se apoderó

          de  la  herramienta  en  cuanto  la  encontramos  y  dedicó

          horas a dominar sus funciones.







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