Page 1265 - Anatema - Neal Stephenson
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Puesto  que  nuestra  aventura  se  había  convertido


          evidentemente  en  una  propuesta  de  «lo  hacemos  o

          morimos», Jules había dejado de intentar conservar lo que

          le quedaba de comida y se la tragaba con libertad. Así que


          recuperó las fuerzas y su estado de ánimo mejoró. Cuando

          estaba  despierto,  varios  se  conectaban  a  su  traje,

          planteándole preguntas sobre detalles internos de la nave


          que  no  reproducía  el  modelo:  por  ejemplo,  qué  aspecto

          tenían las puertas, cómo se cerraban, cómo distinguir a un

          fthosiano  de  un  troäno.  Descubrí  que  los  Geómetras


          temían especialmente el fuego en las zonas de gravedad

          cero de la nave y que uno no podía dar más de cien pasos


          sin encontrar un armario con respiradores, trajes ignífugos

          y extintores.

            Aun  así,  quedaba  mucho  tiempo  libre.  A  los  dos  días


          establecí una conexión privada con Jesry y le dije que sabía

          lo de los matatodos. Jesry me escuchó atentamente, como


          en una sala de tiza, y no dijo mucho. Pero observando su

          cara en la pantalla de motus me quedó claro que pensaba

          mucho… convenciéndose de que tenía sentido. Él ya tenía


          claro que había algo que no nos habían contado. En caso

          contrario, la misión no habría tenido ningún sentido. Yo le

          había  dado  algo  en  lo  que  pensar.  Hasta  que  él  no  lo


          hubiese pensado, hasta que no tuviese una idea evidente,

          no tendría nada que decir.










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