Page 1284 - Anatema - Neal Stephenson
P. 1284
la impresión de que íbamos a chocar con un amortiguador,
que atravesaba nuestro camino como un horizonte. Pero
lo evitamos por unas pocas yardas y nos encontramos
deslizándonos «sobre» una nueva cara del icosaedro, en
aquel momento a oscuras. Todos llevábamos una pistola
de resorte y por tanto, a una indicación de Lio, lanzamos
once ganchos de agarre, con sus cuerdas, contra el escudo
de piedras. Estimé que la mitad quedaron atrapados en la
red metálica que retenía las piedras. Una a una las cuerdas
de arpeo se tensaron y fueron tirando de quienes las
habían disparado. Eso hizo que la cuerda que nos unía se
tensase siguiendo una serie de sucesos complejos e
impredecibles, y por tanto hubo algunos choques y
enredos gratuitos a medida que toda la célula llegaba al
final de la red. Nuestro momento hizo que nos
balanceáramos hacia delante y atrás, hacia la grava, un
hecho aterrador que fue algo mitigado por los cuatro
valleros, a los que habían suministrado impulsores de gas
frío que podían sostener como pistolas y disparar en la
dirección a la que no queríamos ir. Aquello provocó más
colisiones y choques rayanos en lo ridículo, pero que
tuvieron el efecto último de ralentizarnos más. Cuando
nos acercamos, intentamos poner las piernas y/o los
brazos por delante para amortiguar el golpe. Yo pude
plantar el pie derecho en una roca. El impacto me hizo
girar. Golpeé otra roca de cuatro mil quinientos millones
de años con el muñón del brazo justo a tiempo para evitar
1284

