Page 1286 - Anatema - Neal Stephenson
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icosaedro  también  se  movía.  En  un  determinado


          momento,  la  salida  y  la  puesta  de  sol  serían

          explosivamente  rápidas.  Sería  mejor  estar  a  cubierto

          cuando  eso  sucediese,  porque  desde  los  complejos


          parecidos  a  ciudadelas  que  se  alzaban  sobre  los  doce

          vértices se podían ver claramente las facetas circundantes.

            —Según  el  equipo  —anunció  fra  Gratho—,  no  nos  ha


          captado ningún radar de corto alcance.

            —Simplemente, no los han activado —dijo Lio—. Pero

          tarde o temprano captarán el monifik que fra Jad soltó, o


          el Frío Espejo Negro, y entonces pasarán a un estado de

          alerta mayor. Por tanto, ¿cómo se va al quemamundo?


            —Seguidme  —dijo  fra  Osa,  y  echó  a  andar.  Si  puede

          llamarse andar a una forma de locomoción tan torpe. Me

          gustaría decir que nos movíamos como borrachos, pero


          eso sería un insulto para todo fra intoxicado que hubiese

          vuelto a su celda en la oscuridad. Gran parte de nuestros


          veinte minutos de oscuridad los invertimos en movernos

          los primeros doscientos metros. Pero después aprendimos

          no tanto lo que debíamos hacer como lo que no debíamos,


          y llegamos al siguiente horizonte con algunos minutos de

          oscuridad de margen.

            El  amortiguador  era  como  una  gran  tubería


          semienterrada en las piedras y reforzada con tirantes en

          forma  de  aleta  para  impedir  que  se  doblara  como  una

          pajita al recibir la carga. A los lados, como a una milla de


          distancia  en  cualquier  dirección,  se  hinchaba  como  el



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