Page 1288 - Anatema - Neal Stephenson
P. 1288

modelo,  pero,  por  supuesto,  verlo  en  persona  era


          totalmente  diferente.  El  orbe  más  cercano  dominaba  la

          visión, moviéndose tan rápido como el segundero de un

          reloj, cortésmente pintado con un enorme numeral de la


          escritura  urnudana.  La  conocía  lo  suficiente  para  saber

          que era el 5. El orbe Cinco era el de los troänos de alto

          nivel.


            Todos mis instintos me decían que temiese caerme por el

          hueco, porque si «caía» lo haría un buen trecho antes de

          estrellarme contra un orbe en rotación. Pero, por supuesto,


          allí  no  había  gravedad,  no  había  abajo,  no  había  nada

          contra lo que caer.


            Osa fue el primero que se lanzó al otro lado del hueco y

          se situó en los soportes que reforzaban el amortiguador.

          Vay fue la última. Una vez que hubimos pasado todos, nos


          movimos con las manos sobre el amortiguador porque nos

          preocupaba que el choque de las botas magnéticas contra


          el metal produjera una firma acústica más que evidente.

          Hubo un momento de mareo cuando la aparición a la vista

          de la siguiente cara fue un desafío para nuestras asentadas


          ideas de arriba y abajo, definiendo un nuevo nivel y un

          nuevo  horizonte.  Luego  nos  acostumbramos  y  flotamos

          sobre otro hueco empleando el mismo procedimiento que


          antes. Quizá fuese una forma excesivamente cautelosa de

          recorrer diez pies de espacio. Pero, si todos lo hubiésemos

          hecho a la vez, y hubiésemos saltado demasiado rápido,


          habríamos salido volando.



                                                                                                        1288
   1283   1284   1285   1286   1287   1288   1289   1290   1291   1292   1293