Page 1289 - Anatema - Neal Stephenson
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El sol golpeaba los refuerzos por los que acabábamos de
pasar mientras plantábamos los pies en la siguiente cara
del icosaedro, donde tendríamos garantizadas algunas
horas de oscuridad. Era más tiempo del que precisábamos.
O, para ser sinceros, era más del que teníamos, ya que sólo
nos quedaba una hora de oxígeno y el asistente se había
ido.
A dos millas, justo al otro lado de la cara, había una
bomba de hidrógeno del tamaño de un edificio de seis
plantas. Tenía básicamente forma de huevo. Pero al igual
que un escarabajo atrapado en una tela de araña, su forma
quedaba difuminada por una maraña de soportes y
tuberías que la conectaban con la ciudadela‐vértice. Es
más, el vértice en sí no parecía tener más utilidad que
servir de base para el quemamundo. Incluso de no haber
sido tan enorme, habría sido difícil no verlo, porque estaba
muy iluminado.
Iluminado para beneficio de un centenar de personas con
trajes espaciales que se afanaban a su alrededor.
—¿Creéis que se preparan para lanzarlo? —preguntó
Arsibalt.
—No creo que le estén dando otra mano de pintura —
dijo Jesry.
—Muy bien —dijo Lio. No sabía a quién le hablaba o a
qué daba su consentimiento. Un chasquido de la línea dio
a entender que alguien se había desconectado.
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