Page 1291 - Anatema - Neal Stephenson
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de  calor,  a  medida  que  las  ráfagas  de  gas  incoloro  se


          disolvían  en  el  espacio.  Al  principio  sus  movimientos

          fueron dolorosamente lentos, pero ganaron velocidad con

          rapidez,  en  ocasiones  desviándose,  luego  corrigiéndose


          con un gesto tranquilo de la muñeca, separándose para

          dirigirse  a  puntos  diferentes  del  quemamundo,

          deslizándose  con  una  especie  de  belleza  malvada  y


          silenciosa  sobre  el  lustroso  plano  de  piedras  azules  y

          púrpura.  Nosotros  sólo  podíamos  ver  sus  siluetas

          recortadas contra las luces del extenso complejo… y sólo


          durante los primeros momentos del vuelo. Luego fueron

          tan invisibles para nosotros como para los Geómetras en


          traje espacial que rodeaban la bomba.

            Lio anunció:

            —Probablemente  sólo  tengamos  unos  minutos  para


          entrar y encontrar algo que respirar antes de que se nos

          cierren las puertas de la Daban Urnud.


            —¿Qué hay de los valleros? —dijo Arsibalt.

            —Creo que lo mejor será considerar que todos los que

          están  trabajando  en  el  quemamundo  pueden  darse  por


          muertos —dijo Lio, después de pensarlo un momento.

            —¿Ahora están atacando? —pregunté.

            —Ahora los están abordando —dijo Lio.


            O, para ser estrictos, no me lo dijo sino que me lo recordó.

          Porque habíamos comentado esa posibilidad. «¿Qué pasa

          si  cuando  veamos  el  quemamundo  resulta  que  hay


          pruebas de que se preparan para lanzarlo?»



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