Page 1293 - Anatema - Neal Stephenson
P. 1293
—No —dijo Jules en voz baja pero clara—. En ese aspecto
sigo pensando igual. ¡Qué pena si mueren algunos de los
que trabajan allí! Pero trabajar en un dispositivo tan
horrible… —No terminó la frase, pero yo sabía que en el
interior de su traje se encogía de hombros.
—Por tanto, por encima de todo, lo que no quieres es
introducir matatodos en la Daban Urnud —dije.
—Aciertas por completo.
Lio nos interrumpió:
—Nunca creí que me oiría decir eso, pero: llévanos ante
tu líder.
—¿Disculpa?
—Indícanos quiénes son los urnudanos. Luego tu trabajo
habrá terminado. Podrás irte a casa a tomar una comida
decente.
—Que es más de lo que podemos decir de nosotros —
comentó Arsibalt.
—Sí —dijo Jules—, qué ironía. No hay comida para
vosotros. ¡Aquí no!
—Por tanto —dijo Lio—, ¿qué decides? —Todos
compartíamos su impaciencia, aunque sólo fuese porque
se nos acababa el aire. Me gustaría decir que yo seguía
pensando con frialdad, aplicando el Rastrillo a todo lo que
se me pasaba por la cabeza. Pero en realidad me
encontraba conmocionado y desconcertado y, si tal cosa
tiene sentido, dolido por la súbita partida de Osa, Vay,
Esma y Gratho. Sabía, por supuesto, que teníamos varios
1293

