Page 1290 - Anatema - Neal Stephenson
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Entonces  cuatro  figuras  completamente  negras,  que  se


          habían  apartado  del  resto  de  nosotros,  interrumpieron

          nuestra contemplación del quemamundo. En la oscuridad,

          con los trajes en modo sigiloso, no los distinguíamos, pero


          algo en su forma de moverse me convenció de que eran el

          contingente del Valle Tintineante. Caminaban los cuatro

          juntos y uno, presumiblemente Osa, iba ligeramente por


          delante de los otros. Con cada paso se separaban más.

            —¿Lio? ¿Qué está pasando? —pregunté.

            —Una emersión —razonó.


            Cuando los cuatro valleros se encontraron a unos veinte

          pies, fra Osa sacó sus esquelemanos y, como un jinete de


          las estepas en un tiroteo, sacó un par de objetos parecidos

          a pistolas (los impulsores de gas frío) de las fundas fijadas

          a los muslos del traje. Los otros tres hicieron lo mismo.


          Luego, por lo que pudimos ver, fra Osa cayó de cara. Unió

          los pies y dejó que el impulso hiciese avanzar su cuerpo,


          separando  las  suelas  magnéticas  de  las  piedras.  Tan

          pronto como perdió el contacto con el icosaedro, sus pies

          se  elevaron  y  todo  el  cuerpo  giró  en  el  espacio  hasta


          quedar horizontal. Y en ese mismo momento comenzó a

          avanzar con la cabeza por delante hacia el quemamundo.

          Sostenía ambos brazos a los lados, apuntando las pistolas


          de  gas  frío  hacia  los  pies,  empleándolas  para  moverse

          sobre  el  plano  de  grava,  como  un  superhéroe  en  vuelo

          rasante. Vay, Esma y Gratho hacían lo mismo. Detrás de


          ellos podíamos observar movimientos de luz, como ondas



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