Page 1312 - Anatema - Neal Stephenson
P. 1312
otro extremo, me agarré al borde y crucé. Un segundo más
tarde, fra Jad pasó seguido de un penacho nevado de
espuma contra incendios. Le agarré del tobillo, lo que
redujo en mucho su velocidad. Nos encontramos a la
deriva, girando lentamente hacia el extremo delantero del
pozo de dos millas de longitud y cien pies de diámetro que
recorría el Rimero a lo largo. Habíamos llegado al Núcleo.
Y si alguno de los que habíamos dejado atrás había
encontrado nuestro comportamiento sospechoso, nadie
había tenido la agilidad necesaria para seguirnos. Había
escotillas más pequeñas o esclusas para uso individual
esparcidas alrededor para que la gente pudiese pasar del
Núcleo a la cámara de rodamiento incluso cuando la
válvula esférica estaba cerrada. Las observé nervioso,
temiendo que de ellas saliese un poli espacial para
acosarnos, pero luego razoné que eso no iba a pasar.
Recordé las palabras de Jules unos minutos antes: lo que
los valleros habían hecho, lo que nosotros habíamos
hecho, era la derrota militar más humillante sufrida por
aquella gente en mil años. La bomba seguía ardiendo, el
desastre acababa de empezar. Era posible que los valleros
siguieran con vida y luchando. Así que no iban a
preocuparse demasiado de un par de bomberos que no
actuaban del todo normalmente.
Nuestro vuelo horrorizado a través de la válvula nos
había dado un impulso que nos llevó hasta la pared del
Núcleo, que giraba tan rápido como el segundero del reloj.
1312

