Page 1314 - Anatema - Neal Stephenson
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Cansado como estaba, sentía la tentación de usarlo, pero
no quería ponerme en evidencia. Fra Jad no manifestó
ningún interés. Nos desplazábamos más despacio que
quienes lo usaban, lo que para nosotros era una ventaja:
algunos nos gritaban preguntas cuando pasaban a nuestro
lado, pero ninguno fue tan inquisitivo como para soltarse
y entablar conversación.
En unos minutos llegamos a la estación del Núcleo donde
estaban conectados los orbes Uno, Cinco, Nueve y Trece,
los más delanteros. Cada uno de ellos se encontraba
encima de un montón de cuatro. Por tanto, los orbes del
Uno al Cuatro eran de los urnudanos. Del Cinco al Ocho
para los troänos, del Nueve al Doce para los laterranos, y
el resto para los fthosianos. El orbe de menor número de
cada montón, o sea los conectados encima del todo, estaba
destinado a los miembros de más alto rango de su
respectiva raza. Por tanto, ese Nexo era el lugar de reunión
más conveniente para los Geómetras importantes. Desde
allí no parecía gran cosa: cuatro cavernosos agujeros en la
pared, el final de los pozos perpendiculares que llegaban
hasta los orbes. Pero, según Jules, si hubiésemos podido
verlo desde fuera, habríamos visto que esa zona del
Núcleo estaba recubierta por una rosquilla de oficinas,
salas de reuniones y pasillos en forma de anillo donde el
Mando tenía sus oficinas. Había varias escotillas en la
pared del Núcleo que así lo daban a entender. Pero el
conflicto entre el Pedestal y el Fulcro había provocado una
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