Page 1317 - Anatema - Neal Stephenson
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Por el agujero de la válvula entraba la luz del sol. Me


          agaché  todo  lo  que  pude  y  contemplé  el  agua,  la

          vegetación y los edificios. Todo estaba a media milla de

          distancia.


            Esa vez el agujero de la válvula tenía una escalera. Nos

          pusimos  a  bajar  mientras  la  válvula  se  ajustaba  a  su

          posición  final,  y  salimos  a  una  pasarela  circular  que


          colgaba del techo del orbe, rodeando la abertura… el óculo

          en lo alto de una vasta bóveda esférica, un pequeño cielo

          sobre un pequeño mundo. Una escalera llevaba hasta la


          pasarela. Había hombres armados que subían corriendo

          por esa escalera con la intención de saludarnos. Fra Jad, al


          verlos,  se  quitó  el  respirador.  Ya  no  tenía  sentido  que

          siguiéramos disfrazados. Yo hice lo mismo.

            Dos  soldados,  con  el  cañón  del  arma  apuntándonos,


          llegaron a la pasarela. Uno se acercó agresivamente a fra

          Jad. Yo di un paso al frente, instintivamente, levantando


          las  manos.  Me  llamó  la  atención  un  pequeño  objeto

          plateado que fra Jad tenía en la mano. ¡De todas las cosas

          posibles,  parecía  un  cismex!  El  otro  soldado  se  volvió


          hacia mí y me golpeó en la mandíbula con la culata del

          arma. Caí hacia atrás contra la barandilla y sentí a mi vieja

          amiga, la gravedad cero, acogiéndome de nuevo a medida


          que iniciaba mi caída libre por el centro del orbe. Algo iba

          muy mal en mis entrañas. Un momento más tarde oí el

          disparo de una escopeta. ¿Me habían disparado? No era


          probable, teniendo en cuenta mi situación. Volví a perder



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