Page 1342 - Anatema - Neal Stephenson
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habían  logrado  infiltrarse.  Luego  tú  y  tus  amigos


          desenmascarasteis  a  Jules  Verne  Durand,  con  lo  que

          perdieron  sus  ojos  y  oídos  sobre  el  terreno.  Al  mismo

          tiempo, el Convox y todos los otros grandes concentos se


          dispersaron en un Antienjambre.

            —¡Ésa fue una idea genial! ¿A quién se le ocurrió?

            Enrojeció y luchó por contener una sonrisa, pero no le


          gustaba  que  hubiese  desviado  la  atención  hacia  ella  y

          siguió hablando:

            —Temen de verdad a los Milésimos, a los Conjuradores,


          y  debieron  de  darse  cuenta  de  que  todos  los  Cenobios

          milenarios se habían vaciado. ¿Adonde habían ido todos


          esos Milésimos? ¿Qué tramaban? Luego, el lanzamiento

          de  doscientos  misiles.  Muy  inquietante.  Muchos  datos

          para  procesar.  Trillones  de  objetos  voladores  que  había


          que seguir. Creen ver una nave… la nave estalla… creen

          haber  esquivado  la  bala.  Pero  unos  días  después,  de  la


          nada,  llega  este  ataque  devastador  contra  su  mayor

          ventaja estratégica. Es lo único en lo que pueden pensar

          durante los siguientes dos días: les preocupan los rehenes


          atrapados en el vértice. No sólo eso, sino que otros tipos

          con  traje  negro  logran  entrar  en  la  nave  y  sólo  se  les

          detiene porque no pueden respirar el aire…


            —¿Creyeron que éramos otro escuadrón de valleros?

            —En su lugar, ¿qué habrías pensado tú? Y creo que para

          ellos la mayor preocupación era no tener forma de saber


          cuántos más había allá fuera. Bien hubiese podido ser que



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