Page 1372 - Anatema - Neal Stephenson
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me hubiese parecido, por emplear la palabra de Arsibalt,


          banal:  el  botón  rojo  de  emergencia  en  la  escotilla  del

          observatorio;  la  máquina  para  calentar  las  entrañas;  el

          papeleo  en  el  hospital;  el  laterrano  lavando  los  platos;


          manchas de manos en las escaleras.

            —Sí —dije—, si no fuese porque no podemos comernos

          su  comida,  no  sería  más  exótico  que  visitar  un  país


          extranjero de Arbre.

            —¡Menos aún! —dijo Arsibalt—. Un país extranjero de

          Arbre podría ser pre‐práxico en algún aspecto, tener una


          religión extraña o costumbres étnicas, pero…

            —Pero este lugar ha sido esterilizado de todo eso. Es una


          tecnocracia.

            —Exacto. Y cuanto más tecnocrático es, más se acerca a

          lo que somos nosotros.


            —Es cierto —dije.

            —¿Cuándo vamos a llegar a lo bueno? —exigió saber.


            —¿Qué tienes en mente, Arsibalt? ¿Algo como un motus

          de ficción especulativa en el que sucede algo genial que

          mirar?


            —Eso  estaría  bien  —admitió.  Bajamos  algunos

          travesaños más en silencio. Luego añadió, en un tono algo

          más moderado—: Es sólo que… quiero decir… ¡Vale! ¡El


          Flujo  Hylaeano  produce  desarrollos  convergentes  en

          sistemas con vida consciente en distintas líneas de mundo!

          Pero ¿cuál es la recompensa? Tiene que haber algo más


          que  una  gran  nave  paseando  de  un  cosmos  a  otro,



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