Page 1376 - Anatema - Neal Stephenson
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—Traductores —dijo, y señaló a una cabina con ventanas
sobre el piso principal del «acuario». Había algunos
fthosianos, hombres y mujeres con auriculares, sentados
en consolas que miraban al estanque. Como si quisiesen
confirmarlo, azafatas urnudanas fueron circulando por
entre los miembros de la delegación con bandejas de
auriculares: rojos para el orto, azules para el flújico. Me
metí uno rojo en el oído y oí la familiar voz de Jules Verne
Durand. Dando un rápido vistazo a mi alrededor, le vi en
la cabina de traducción sobre el pabellón laterrano.
—El Mando da la bienvenida a la delegación de Arbre y
ruega que se reúnan en el borde del agua para la
ceremonia de apertura —decía. Me dio la impresión, por
su tono de voz, de que ya lo había repetido cien veces.
Nos unimos a un contingente de arbranos que había
llegado con anterioridad para disponerlo todo antes de
que apareciesen las estrellas, los periodistas y los
comandos espaciales y la situación se complicara
demasiado. Ala era uno de ellos. Los Panjandrumes y sus
asistentes ya estaban allí, esperando cerca del borde del
agua en una poliburbuja hinchable del tamaño de un
módulo habitacional, justo a nuestra izquierda a la salida
del paseo. Detrás había un montón de equipo, incluyendo
tanques de aire comprimido que seguramente habían
transportado en la nave de Arbre. Así que se suponía que
era un pabellón improvisado, que situaba simbólicamente
a nuestros Panjandrumes al mismo nivel que los
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