Page 666 - Anatema - Neal Stephenson
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cómoda, cosa que lograba contando historias. Se le daba
bien. Intenté que me hablase de Orolo, pero no tenía
demasiado que decir. Puede que para mí Orolo fuese
muchas cosas, pero para Yul no era más que otro novato
que había necesitado consejo sobre cómo viajar con frío.
De todas formas, de eso pasamos al tema de cómo
moverse por el lejano norte, sobre el que lo sabía todo.
Más tarde le pregunté si todos sus viajes habían sido en
esa dirección, y él bufó y dijo que no. Había pasado años
como guía fluvial en una región situada al sur de Samble,
surcada por profundos cañones de arenisca llenos de
formaciones rocosas espectaculares. Contó algunas
buenas anécdotas sobre esos viajes, pero al cabo de un rato
pareció incómodo y dejó de hablar. Aparentemente,
contar historias era una buena forma de relajar los ánimos,
una forma útil de invertir el tiempo, pero lo que realmente
deseaba era un proyecto en el que poder invertir su
energía y su inteligencia.
En algún momento del día, dejó de hablar de «vosotros»,
como por ejemplo al decir «vais a necesitar combustible
extra por si tenéis que fundir hielo para obtener agua
potable», para hablar de «nosotros», como por ejemplo al
decir que «deberíamos prever al menos cuatro pinchazos».
La casa de Yul era en realidad un vertedero para todo el
material que no podía meter en el transbor: equipo de
acampada, piezas de vehículo, botellas vacías, armas y
libros. Los montones de libros me llegaban a la cintura. Por
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