Page 667 - Anatema - Neal Stephenson
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lo  visto  no  tenía  estantes.  Muchos  parecían  obras  de


          ficción,  pero  tenía  varios  montones  de  tratados  de

          geología.  En  las  paredes  había  fototipos  ampliados  de

          formaciones  de  rocas  sedimentarias  muy  pintorescas,


          esculpidas por el agua y el viento. En su sótano, al que

          bajamos a rescatar más equipo, tenía montones de rocas:

          losas de arenisca con fósiles.


            Una  vez  que  tuvimos  todo  lo  que  creía  necesario  e

          íbamos  conduciendo  por  otro  atasco  en  dirección  a  la

          estación de combustible, le dije:


            —Dedujiste que el mundo es antiguo, ¿no es así?

            —Sí  —dijo  de  inmediato—.  Pasé  años  en  balsas


          recorriendo esos ríos. Años. Por todas partes hay rocas.

          Rocas del tamaño de casas que cayeron de las paredes de

          los  cañones.  Mirando  desde  arriba  se  ve  que  pasa


          continuamente.

            —Te refieres a la caída de las rocas.


            —Sí.  Es  como  ir  conduciendo  por  esta  carretera  y  ver

          marcas  de  frenada,  como  esas  de  ahí:  cualquier  idiota

          tendría claro que ha habido un frenazo. Si ves montones


          de marcas de frenada, bien, eso significa que los frenazos

          son habituales. Si ves un montón de rocas caídas en un

          cañón,  entonces  es  que  los  desprendimientos  son


          habituales.  Por  tanto,  continuamente  esperaba  ver  qué

          pasaba. Todos los días, iba por el río en la balsa con los

          clientes, ya sabes, y ellos dormían o hablaban de sus cosas


          y yo vigilaba las paredes, esperando ver una roca caer.



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