Page 664 - Anatema - Neal Stephenson
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se la entregarían a Ala hasta el siguiente Apert, al cabo de


          más de nueve años. Era inimaginable lo que pensaría de

          mí entonces, leyendo aquel documento amarillento escrito

          por  un  chico  que  todavía  no  había  cumplido  los  veinte


          años.

            La siguiente parada del itinerario fue en un lugar donde

          conseguir  unos  trajesacos:  enormes  monos  de  color


          naranja cuyas perneras se podían unir para formar un saco

          de  dormir.  Estaban  diseñados  para  gente  que  cazaba  o

          recuperaba en el lejano norte. Cada uno disponía de una


          unidad catalítica incorporada; siempre que tuviese algo de

          combustible  en  su  vejiga  suministraría  una  fuente


          modesta de energía que llegaría a los brazos y piernas del

          traje para activar placas calefactoras situadas en las suelas

          de las botas y las palmas de los guantes. Los nuevos salían


          muy caros, pero Yul había ayudado a Orolo a conseguir

          uno baratito. Conocía un sitio donde comprar uno usado


          y reparado, y sabía algunos trucos para que fueran más

          cómodos.

            Una  vez  resuelto  eso,  fuimos  en  busca  de  otros


          suministros que íbamos a necesitar. Si proponía ir a una

          tienda de material para actividades al aire libre, Yul hacía

          una mueca y se quejaba. Luego me explicaba que se podía


          obtener  mejor  material  a  una  décima  parte  del  precio

          comprándolo  en  tiendas  de  artículos  para  el  hogar  y

          colmados.  Siempre  tenía  razón,  claro  está.  Se  ganaba  la


          vida como guía de campo, llevando a gente de vacaciones



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