Page 692 - Anatema - Neal Stephenson
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de metal de desecho de un montón en la nieve y las
arrojaba en los trineos con un estruendo que paralizaba el
corazón. El último trineo del tren era plano: un
aparcamiento móvil semillero de drumones cargados.
Pasamos un rato paseando por allí, pero en nuestras
charlas con los chóferes de drumón en las paradas del
camino nos habíamos hecho una idea general de cómo
funcionaba aquel lugar y habíamos tomado nota de
algunas buenas sugerencias sobre cómo no comportarnos.
Por Sammann sabíamos que otro tren trineo había partido
dos días antes. El que estábamos mirando seguiría con el
proceso de carga durante unos días más.
Moverse por allí era un peligro porque no había un
sistema establecido. Los drumones y transbores iban en
línea recta hacia lo que sus operadores quisiesen alcanzar.
Así que tendíamos a emplear los vehículos incluso para
trayectos muy cortos. Encontramos la oficina sobre pilares
que vendía espacios en el trineo plano y dispusimos que
cargasen ambos vehículos. Pagamos sin embargo una
pequeña suma adicional para situar el transbor de Gnel en
el borde, no en el centro; así, montando con tablas una
rampa, podíamos bajar y subir a voluntad el triciclo, que
se convirtió en nuestro medio de locomoción por el puerto
de trineos, aunque era sólo de dos plazas y, por tanto, tres
de nosotros nos quedábamos inmovilizados. Así que
alquilamos una vivienda modular de la locomotora y nos
quedamos allí. Era barata. El baño era un agujero en el
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