Page 691 - Anatema - Neal Stephenson
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desembocaba en una llanura helada de una o dos millas
de anchura y ligeramente más baja que el hielo
circundante, por lo que daba la impresión de ser el fondo
de un enorme cráter de meteorito. Aquí y allá se veían
viviendas modulares sobre pilares móviles y ajustables al
hielo que fluía por debajo. Los drumones tendían a
congregarse alrededor de esas construcciones. Cada una
era el cuartel general de un chatarrero, y los conductores
pasaban de una a la otra intentando conseguir el mejor
precio para su carga. Otras estructuras servían como
hostales, comedores y burdeles.
Aquel lugar estaba dominado por el tren trineo. La
primera vez que lo vi, recortado por el sol bajo, lo tomé
por una fábrica. La locomotora parecía uno de esos
procesadores de restos tragaciudades: una planta de
energía y un pueblo de viviendas modulares construido
sobre un puente que salvaba la distancia entre dos orugas
colosales. El cuerpo del tren estaba formado por media
docena de trineos, cada uno con patines paralelos que
corrían por los surcos de nieve apisonada que marcaban
las orugas de la locomotora. El primero era para llevar
contenedores de carga. Había cuatro apilados en él y una
desgarbada grúa con ruedas se esforzaba por amontonar
un quinto. Detrás había algunos trineos que eran
simplemente grandes cajas abiertas. Otra grúa equipada
con pinzas, que fácilmente podría haber agarrado
simultáneamente nuestros dos vehículos, recogía marañas
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