Page 693 - Anatema - Neal Stephenson
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suelo,  cubierto,  cuando  no  se  usaba,  por  una  trampilla


          sujeta  por  un  trozo  de  metal  recuperado  para  que  los

          vendavales  árticos  no  la  abriesen.  Unos  cuantos  viajes

          arriba y abajo usando el triciclo bastaron para abastecer


          nuestra  casita  de  raciones  y  artículos  que  habíamos

          cargado  en  los  transbores,  así  como  de  un  arsenal

          sorprendentemente  completo  de  armas  de  proyectiles  y


          armas blancas. Yulassetar y Ganelial Crade podían estar

          en desacuerdo en cuestiones religiosas, pero en cuestión

          de  armas  eran  como  una  misma  mente  en  dos  cuerpos


          distintos. Incluso usaban el mismo tipo de funda para la

          pistola  y  las  mismas  cajas  de  munición.  Mucha  gente


          llevaba armas abiertamente en el puerto de trineos, y había

          un sitio en las afueras del «pueblo» donde la gente iba a

          pasar  el  rato  disparando  contra  la  pared  de  hielo


          circundante.  Pero  en  general  era  un  lugar  mucho  más

          ordenado  y  predecible  que  el  territorio  por  el  que


          habíamos  estado  viajando  durante  la  última  semana.  Y

          como acabé comprendiendo, se debía a que era un lugar

          para el comercio.


            Una vez que nos acomodamos, Sammann y yo dimos una

          vuelta en triciclo por los bares y burdeles para asegurarnos

          de que Orolo no estuviera allí. Cord subió a la locomotora,


          admirada  por  su  funcionamiento,  y  Yul  la  siguió.

          Afirmaba sentir tanto interés como Cord, pero para mí era

          evidente que temía que la violasen si salía sola.







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