Page 726 - Anatema - Neal Stephenson
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cuando  se  abrió  la  escotilla  lateral  y  salió  el  segundo


          conductor. Se situó sobre una especie de plataforma, sobre

          la oruga derecha, y me enseñó que a la espalda llevaba un

          arma de proyectiles muy larga.


            —¿¡Qué hacéis!? —grité.

            Metió la mano en la cabina, agarró algo pesado y lo dejó

          caer en la nieve: una caja de barras energéticas.


            —Vamos a tener que ir por otro paso —gritó—. Está más

          lejos.  Es  más  inclinado.  No  tenemos  suficiente

          combustible.


            —¿Así que nos abandonáis?

            Asintió y dejó caer otro objeto: una lata de combustible


          para trajesaco.

            —Vamos a ver si podemos conseguir combustible de los

          militares  —gritó,  alejándose—.  Volveremos  y  os


          recogeremos. —Entró en la cabina y cerró la puerta.

            Estaba claro: el convoy los había pillado por sorpresa. No


          podían llegar a un lugar seguro sin suficiente combustible.

          Si nos llevaban consigo para pedirlo, sería evidente que

          eran  contrabandistas  y  se  meterían  en  un  lío.  Así  que


          tenían  que  dejarnos  allí  un  rato.  Sabían  que  nos

          opondríamos.  De  modo  que  no  nos  habían  dejado

          elección.


            Brajj  había  llegado  a  mi  altura.  De  algún  lugar  había

          sacado un arma pequeña. Pero, como él y yo sabíamos, no

          tenía sentido disparar a la parte posterior de la máquina.







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