Page 729 - Anatema - Neal Stephenson
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de cuerda y cordón de la que dispusiésemos. Luego, quizá
para dar ejemplo, desató la cuerda amarilla que había
usado para cerrar su maleta. Resultó que medía unos
treinta pies de largo. Soltó los cierres de la maleta y sacó el
contenido: cientos de diminutos viales, todos encajados en
nódulos de espuma. Nunca había visto nada parecido,
pero supuse que eran productos farmacéuticos.
—Ayuda infantil —me explicó Brajj, viendo la expresión
de mi cara.
Los paneles de la maleta eran de un material resistente
similar al cuero que cortamos en láminas para formar las
plataformas de las raquetas. Doblamos las varillas de la
tienda en toscos cuadrángulos y les atamos los trozos de
maleta con el hilo del equipaje improvisado de Laro y Dag.
Tardamos bastante, porque debíamos hacerlo con los
dedos desnudos, que perdían la sensibilidad a los pocos
segundos. El equipaje de Laro y Dag consistía en buena
parte en ropa vieja, que estaban dispuestos a abandonar, y
recuerdos familiares, que no querían dejar. Saqué uno de
los bancos del trineo, le di la vuelta y rompí las débiles
patas. Nos serviría de angarillas. Lo cargamos con los
suministros y lo envolvimos con los restos de la tienda. Mi
mochila ya había perdido la estructura metálica y todo lo
que pudiese servir de cuerda. A los suministros añadí mis
barritas energéticas y mi cocinilla, tiré mi ropa extra, y me
metí paño, cordón y esfera, tan comprimidos como pude,
en los bolsillos del trajesaco. Consideré añadir mi cordón
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