Page 724 - Anatema - Neal Stephenson
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de la radio. El ancho de banda era limitado. En la mayoría
de las circunstancias, resultaba suficiente. Lo que era
cierto incluso en las grandes ciudades. Pero los militares
lo usaban mucho, y en ocasiones interferían en las
emisiones de los que no lo usaban. Los operadores de
trineo de aquellas montañas estaban acostumbrados a
disponer de un ancho de banda casi infinito, del que
dependían mucho… no dejaban de intercambiar
información sobre el tiempo y el estado del camino. Pero,
en algún momento de nuestro viaje, seguramente los
conductores habían detectado una situación nueva: las
transmisiones llegaban sólo ocasionalmente y eran de
mala calidad. Quizás habían creído que el equipo no
funcionaba bien, hasta que habían cruzado el paso y se
habían encontrado con aquello: cientos, quizá miles de
vehículos militares usando todo el ancho de banda.
Aquello era tan asombroso que podríamos habernos
quedado allí durante horas si Brajj no se hubiese vuelto
para mirar a los conductores. Se subían a la máquina,
quitando hielo del equipo, inspeccionando las orugas,
dándoles a los enlaces entre la máquina y nuestro trineo,
comprobando los niveles de fluidos del motor. Brajj era un
hombre adusto y tranquilo, pero demasiado atento,
incluso receloso, como para quedarse de pie en la nieve
cuando los dos conductores se hubieron subido a la
máquina. Pasado un minuto simplemente se sintió
demasiado incómodo y subió. Estuve encantado de seguir
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