Page 722 - Anatema - Neal Stephenson
P. 722

orinando en la cuesta. Deduje que en la máquina debía de


          haber un camastro y que los dos conductores se turnaban.

          Efectivamente,  el  primer  conductor  sacó  su  cara

          somnolienta  por  la  puerta,  se  puso  las  gafas  y  bajó  a


          reunirse  con  el  otro.  Dejaron  la  puerta  abierta,

          aparentemente  para  oír  la  radio.  La  emisión  llegaba  a

          ráfagas, con una extraña modulación. Entendí lo suficiente


          para  comprender  que  los  operadores  intercambiaban

          información sobre los pasos y quién estaba en ellos. Pero

          no  parecía  haber  mucha  actividad.  Cuando  de  los


          altavoces  surgía  una  transmisión,  los  dos  conductores

          dejaban de hablar, se volvían hacia la puerta abierta y se


          esforzaban por escuchar.

            Laro y Dag bajaron y fueron al otro lado —colina abajo—

          del trineo. Los oí exclamar. Hablaban con emoción. Los


          conductores se disgustaron porque les costaba seguir las

          voces distorsionadas de la radio.


            Fui al otro lado. Desde ahí se apreciaba una vista bonita

          de una pendiente cubierta de nieve, interrumpida de vez

          en cuando por agujas de piedra negra, que daba a un valle


          en forma de «U». Nos encontrábamos en el lado norte. A

          nuestra  derecha,  se  ensanchaba  y  se  allanaba  al

          desembocar  en  la  franja  costera.  A  nuestra  izquierda  se


          inclinaba  cada  vez  más  ascendiendo  por  las  montañas

          blancas. Así que habíamos superado la cordillera costera

          y descendíamos hacia los puertos helados.







                                                                                                          722
   717   718   719   720   721   722   723   724   725   726   727