Page 730 - Anatema - Neal Stephenson
P. 730
al suministro de cuerda, pero parecíamos tener
suficiente… Laro había encontrado un rollo de cincuenta
pies guardado bajo un banco del trineo y había logrado
otros cincuenta uniendo trozos de la tienda y demás. Eso,
sumado a los treinta pies de cuerda amarilla, nos bastó
para atarnos a intervalos de treinta o cuarenta pies, lo que,
como nos explicó Brajj, sería útil si uno de nosotros
resbalaba por una cuesta o caía en una grieta.
Los preparativos nos llevaron casi cuatro horas, así que
salimos más tarde de lo planeado por Brajj. El convoy
militar parecía haberse movido una pulgada. Brajj estimó
que estaban a dos mil pies por debajo de nuestra posición.
Dijo que si «todo salía fatal» debíamos limitarnos a «tirar
de la cuerda» y deslizamos hasta el valle para ponernos a
merced de los militares. Era posible que nos arrestasen,
pero probablemente no nos dejarían morir. Sin embargo,
era el último recurso, porque si lo intentábamos corríamos
un serio peligro de caer en una grieta antes de llegar abajo.
Brajj encabezó la marcha. Iba armado con un trozo de
varilla que emplearía para buscar grietas en la nieve que
tuviese delante. En la cadera llevaba su «asidor», un
cuchillo largo y pesado. Afirmaba que, si uno de nosotros
caía en una grieta, él se arrojaría de inmediato al hielo y
clavaría el cuchillo, anclándose para detener la caída. Me
hizo ir el último y me armó con un trozo de metal en forma
de «L», sacado de la estructura de mi mochila, que debía
usar de la misma forma. Incluso me hizo practicar
730

