Page 725 - Anatema - Neal Stephenson
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su  ejemplo.  Sólo  unos  momentos  después  de


          acomodarme,  oí  cerrarse  la  puerta  de  la  máquina.

          Llamamos a Laro y a Dag, que se encontraban a varios

          pasos  del  trineo,  congelados  de  asombro  mirando  el


          convoy. Logramos llamar la atención de Dag. Se volvió

          para mirarnos, pero no pareció comprender lo que estaba

          pasando hasta que el motor de la máquina rugió y una


          unión  resonó al activarse. Golpeó a Laro en el hombro,

          luego  dio  un  par  de  pasos  hacia  nosotros,  tirando  del

          cuello  del  abrigo  de  Laro  y  llevándole  consigo.  Brajj  se


          acercó más a la parte trasera y sacó un brazo por si tenía

          que  subirlos  a  bordo.  Me  puse  en  pie  y  me  acerqué  a


          ayudar. El motor de la máquina rugió con más fuerza y

          oímos cómo las orugas se ponían en marcha. Laro y Dag

          llegaron al mismo tiempo; Brajj y yo los agarramos de las


          manos y los subimos a bordo. El impulso los llevó hacia la

          parte  delantera.  Las  orugas  habían  alcanzado  un  ritmo


          constante.

            No nos movíamos.

            Brajj y yo miramos la nieve. Luego nos miramos.


            Los  dos  saltamos  y  corrimos.  La  máquina  estaba  a

          cincuenta pies y ganaba velocidad. El enganche que había

          conectado nuestro trineo se arrastraba por el suelo.


            Brajj  y  yo  nos  pusimos  a  perseguirla.  El  sendero

          soportaba  casi  siempre  nuestro  peso,  pero  cada  pocos

          pasos nos hundíamos hasta el muslo. En cualquier caso,


          yo  corrí  más  rápido.  Había  recorrido  unos  cien  pies



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