Page 723 - Anatema - Neal Stephenson
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Pero no era eso lo que emocionaba a Laro y a Dag.
Prestaban atención a una serpiente negra, de diez millas
de largo, rodeada de vapor, que serpenteaba por el valle
hacia las montañas: un convoy de vehículos pesados, casi
pegados entre sí. Todos del mismo color.
—Militares —anunció Brajj, bajando del trineo. Cabeceó
asombrado—. Se diría que van a la guerra.
—¿Un ejercicio militar? —propuso Laro.
—Uno enorme —dijo Brajj, escéptico—. No es el
equipamiento adecuado. —Lo dijo con tanta autoridad y
tanto escarnio que supuse que debía de ser un militar
jubilado… o un desertor. Cabeceó de nuevo—. Delante va
una división de montaña. —Señaló el extremo de la
columna, que, vi entonces, estaba compuesta por varios
vehículos blancuzcos con orugas—. Los otros vehículos
son normales. —Señaló el primero de los drumones
oscuros; luego movió la mano valle abajo, siguiendo el
resto de la columna, que llegaba hasta el mar helado.
Desde donde estábamos se apreciaba como una meseta
blanca llena de fracturas azules. Una mancha amarilla y
marrón era el puerto que intentábamos alcanzar. Un
rompehielos había abierto un pasillo de aguas negras que
ya empezaba a desvanecerse a medida que el hielo se iba
cerrando a popa.
Yo no era práxico ni un Ati, pero de niño había visto
muchos motus, y había oído muchas cosas de Sammann,
como para hacerme una idea general del funcionamiento
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