Page 735 - Anatema - Neal Stephenson
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Probablemente ya habíamos descendido tres cuartos de
la altitud para llegar al puerto. Desde allí el avance sería
relativamente fácil. Laro y Dag eran trabajadores: tenían
energía de sobra y ansiaban dejar atrás al lento Brajj y
llegar a un lugar donde pudiesen comer caliente y quitarse
los malditos trajesacos.
Fue en una de las zonas inclinadas donde el banco se
había situado delante de mí y yo me resistía
simultáneamente a dos cuerdas cuando sentí un tirón que
me desequilibró. La tensión de la cuerda que me unía a
Laro aumentaba con rapidez. Planté en la nieve la raqueta
izquierda y tiré, pero el descenso de las últimas horas
había convertido en gelatina los músculos de mis piernas.
Caí de rodillas, con la cuerda de la cintura tirando de mí.
Justo antes de hundir la cara en la nieve entreví a Brajj de
pie mirándome, a cien pies de distancia, con el asidor en
la mano. Laro se deslizaba dando tumbos por la
pendiente, arrastrándome con él. A Dag, atado entre Brajj
y Laro, no lo vi.
Esa imagen fue todo lo que tuve para recordar durante
un rato, porque estaba boca abajo y Laro y el banco tiraban
de mí… y, como comprendí, también Dag. ¡Había caído en
una grieta! ¿Por qué Brajj no había detenido la caída? La
policuerda de treinta pies de color amarillo que unía a
Brajj con Dag seguramente se había soltado. Eso o Brajj la
había cortado con un golpe de asidor. Yo era la única
persona que podía salvar a Laro, a Dag y a mí mismo: tenía
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