Page 753 - Anatema - Neal Stephenson
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llevado a la hija como rehén. No mucho después, al
intentar capturarlo, había estrangulado a la Inocente. Pero
de todas formas le habían pillado y había pasado mucho
tiempo en una mazmorra («la mitad de su vida») mientras
esperaba presentarse ante el Magistrado. Durante el juicio
admitió su culpa. El Magistrado le preguntó si había
alguna razón para no ajusticiarle. El Condenado
respondió que existía tal razón, una con la que había dado
durante sus años en la mazmorra. Mientras meditaba
sobre sus crímenes atroces, lo único que jamás había
podido apartar de su mente era el asesinato de la niña —
la Inocente—, porque ella poseía el potencial de hacer
muchas cosas que ya no se cumplirían. En cualquier alma,
argumentó el Condenado, residía la capacidad de crear
todo un mundo, tan grande y variado como el que
habitaban él y el Magistrado. Pero, si eso era cierto en el
caso de la Inocente, también lo era en el caso del
Condenado, y por tanto no se le debía ajusticiar.
El Magistrado, al oír la defensa, manifestó su
escepticismo ante de la idea de que el Condenado
poseyese en su interior la capacidad de generar todo un
mundo. Aceptando el reto, el Condenado inició el relato
del mundo que había conjurado en su mente y contó las
historias de sus dioses, héroes y reyes. El relato le llevó
todo el día, así que el Magistrado levantó la sesión. Pero le
advirtió al Condenado que su destino seguía en la balanza
porque el mundo que había inventado parecía estar tan
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