Page 784 - Anatema - Neal Stephenson
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momento. A continuación había pasado por una especie
de aceptación aturdida de mi suerte. Luego habían llegado
los fras y sures del Valle Tintineante. A continuación todo
se había vuelto fascinante y quizás emocionante, y yo lo
había superado experimentándolo presa de una especie de
subidón químico: la reacción de mi cuerpo a las heridas y
el estrés. Un minuto antes había saludado a Cord con un
tremendo abrazo ensangrentado como si nada hubiese
pasado.
Pero, a los pocos minutos de estar en el vehículo, me
desmoroné. Todas mis heridas fueron enviando dolor al
cerebro, como soldados respondiendo a su nombre
cuando pasan lista. Las sustancias convenientes que mis
glándulas hubiesen estado bombeando a mi sangre se
retiraron, de pronto. Fue como si a mis pies se abriese una
trampilla. Y de súbito me convertí en un manojo
estremecido y sollozante de nervios, que se retorcía y
gemía de dolor.
Un recorrido de veinte minutos, siguiendo las
instrucciones de Sammann, nos llevó a un lugar en la
ribera izquierda de un gran río que descendía de las
montañas hasta el fiordo de la Vieja Mahsht. Daba la
impresión de haber sido en alguna época anterior un bajío,
pero tiempo atrás lo habían pavimentado y había
albergado una sucesión de complejos industriales ya en
ruinas. En un extremo había una rampa para botes
recreativos y una zona de picnic con un par de letrinas
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