Page 782 - Anatema - Neal Stephenson
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base de la espalda, y me subió a bordo del triciclo como a


          uno de sus clientes inconscientes al que sacase de un río.

          El pequeño vehículo estaba atestado. Gnel efectuó un giro

          amplio y cuidadoso en la plaza y enfiló la calle. Llevaba


          auriculares conectados a un cismex. Sammann debía de

          estar dándole instrucciones.

            Los  camisas  rojas  nos  siguieron  trotando  junto  al


          vehículo  y  detrás.  Aparentemente  les  había  parecido

          razonable el comentario de Yul de que era hora de salir de

          la  ciudad.  Una  vez  que  quedó  claro  adonde  íbamos,


          aceleraron, amenazando con dejar atrás al triciclo, lo que

          obligó  a  Gnel  a  acelerar  un  poco.  Se  pusieron  a  correr.


          Recorrimos una milla en pocos minutos y llegamos a un

          distrito de líneas ferroviarias y almacenes que no estaba

          tan atestado como el centro de la Vieja Mahsht. En esas


          calles los vehículos de gran tamaño podían circular con

          normalidad.  Un  par  de  ellos  surgieron  de  la  nada  y


          estuvieron a punto de atrepellarnos: los transbores de Yul

          y  Gnel,  conducidos  respectivamente  por  Cord  y

          Sammann.


            Más tarde contamos veinticinco camisas rojas. De alguna

          forma logramos meterlos a todos en los dos transbores y

          el  triciclo.  Nunca  había  visto  gente  tan  junta.  Había


          camisas rojas en el techo del transbor de Yul, agarrados

          por los codos para no caerse.









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